Ayahuasca: el psicoactivo que puede cambiar el mundo (parte I)

“¿Si pudieses formatear tu cerebro olvidando traumas, superando duelos y abandonando adicciones, lo harías?”. Uno de los testimonios más bellos que tuvimos fue el de un poderoso narcotraficante, que se había llevado varias vidas por delante”, me comenta Leticia, una facilitadora de ayahuasca. “La primera vez que vino estaba muerto de miedo porque creía que iba a sufrir mucho en su experiencia debido a la historia que arrastraba, pero  después reconoció que fue una de las mejores experiencias de su vida. Al final, tras varias tomas y un largo proceso, se alejó de todo aquello y dejó los negocios de la droga”.

La ayahuasca es un brebaje milenario originario del Amazonas que ha irrumpido en la Europa del siglo XXI por sus estados alterados de conciencia. Declarada patrimonio cultural en algunos países y perseguida judicialmente en otros, ha despertado el interés de las masas gracias a Internet, que ha hecho eco de sus beneficios para enfermedades como la depresión o las adicciones. Este es un viaje al Amazonas y al interior de nosotros mismos; un reportaje narrado en primera persona sobre una experiencia inefable.

Seis colchonetas se distribuyen por el suelo. Los cantos del chamán retumban en la noche fría. Las miradas se dirigen a los cubos y al brebaje de manera nerviosa. Ha llegado el momento. “Concentraos. No tengáis miedo”, nos dice el chamán. En un acto consciente de valentía y bajo un aura reverencial, uno a uno nos acercamos a beber. Es mi turno.

En septiembre de 2014 la blanca ciudad de Ibiza congregaba a 650 personas procedentes de más de sesenta países, entre los que se encontraban unos cuarenta expertos en legislación, ciencia y políticas públicas. Juristas, psiquiatras, etnobotánicos y representantes de la cuenca del Amazonas intercambiaron experiencias y conocimientos en la primera conferencia de este tipo, que contó además con el patrocinio de la Unesco ¿El motivo de su reunión? La ayahuasca.

 

¿Qué es la ayahuasca?

La ayahuasca (aya significa muerto en quechua y huasca soga) es un brebaje ancestral que se prepara en las zonas de la selva del Amazonas. Normalmente su uso va ligado a la sanación pero también es motivo de reunión social en las tradiciones de estos pueblos. A la ayahuasca también se le conoce como yagé, daime, vegetal, la liana de los muertos o “la abuelita”. Esta pócima se obtiene mezclando la planta también llamada ayahuasca (Banisteriopsis Caapi) y las hojas del arbusto de la Chacruna (Psychotria Viridis, machacándolas y cociéndolas en agua dieciséis horas, hasta obtener un brebaje espeso de color oscuro y sabor amargo.

“Esta bebida ha sido uno de los pilares fundamentales de la vida espiritual, cultural y medicinal de Perú, Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador y Venezuela. Sin embargo, fuera de estas poblaciones, lo que más interés genera es la activación de la diemetriltriptamina (DMT) en el cerebro”, comenta Fabiola Simonetti, directora del documental Ayahuasca, que fue proyectado en la conferencia de Ibiza de 2014. “El DMT – añade – es una sustancia que todos los mamíferos tenemos en nuestro cuerpo pero que únicamente se activa en momentos muy precisos de nuestra existencia: al nacer y al morir”.

No obstante “la  N,N-dimetiltriptamina no tiene actividad a menos que esté acompañada de un inhibidor de la MAO”, explica el curandero Tote Escobedo en este documental, “una enzima de nuestro sistema digestivo que inactiva sus efectos. Por ello se añade a la ayahuasca las hojas del arbusto de la chacruna. Estas hojas contienen principios activos que frenan estas enzimas, convirtiendo así a la ayahuasca en un psicoactivo”. Es decir, la liana de la ayahuasca por sí sola no generaría ningún efecto en nosotros mismos de no ser por la chacruna.

 

Ayahuasca, Ana Santillana
Dos especialistas posan con las diferentes plantas de la ayahuasca y la chacruna

La liana de la ayahuasca y el arbusto de la chacruna son solo los ingredientes principales. Cada chamán es libre de añadir otras plantas como el tabaco o el toé. Lo curioso es que de los miles de plantas que habitan en el Amazonas, los curanderos encontraran hace siglos la fórmula perfecta para esta infusión. La historia apunta a que esta revelación se produjo observando a los jaguares consumir esta mezcla. “No es de extrañar por ello que, bajo los efectos psicoactivos de la ayahuasca, uno pueda tener visiones de felinos como tigres, jaguares o panteras” me comenta Leticia, la facilitadora y coordinadora del centro en el que voy a tomar ayahuasca.  

Los efectos psicoactivos son solo uno de los motivos por los que esta planta se ha globalizado. Su uso para corrientes terapéuticas alternativas (como desarrollo personal y búsqueda espiritual), su investigación para la cura de enfermedades psíquicas como depresiones, adicciones y fobias, y el contexto “mágico” del que proviene, ha multiplicado los resultados acerca de esta decocción en la red. El problema está en que la mayoría de estos resultados suelen ser sensacionalistas – por comparar la ayahuasca con drogas como el LSD –, o estigmatizados – por basarse en falsas creencias y prejuicios -. Frente a esto, se han creado numerosas asociaciones en defensa de la ayahuasca, se han publicado varias tesis científicas y antropológicas en diversos idiomas y se han organizado reuniones y conferencias de expertos a nivel mundial.

“Es un tema infinito”, remarca Iñaki Berazaluce, periodista especializado, “donde lo científico, cultural y judicial se entremezcla, haciendo muy complicada la adecuada difusión”. Y añade, “es curioso que el consumo de la ayahuasca atraiga ahora mismo a tanta gente, cuando originariamente, en las ceremonias, la ayahuasca solo era tomada por los chamanes. Bajo su efecto, invocaban con los ícaros (cantos sagrados) a las plantas que podían sanar a los asistentes del ritual, estableciendo una especie de cura perceptiva”, aclara.  

Esa cura del Amazonas se trasladó a mediados del siglo XX a las nuevas vertientes médicas, farmacológicas y psicológicas, y a día de hoy se sigue estudiando cómo los efectos de la ayahuasca pueden ayudar a la sociedad. No obstante, una planta con una legislación ambigua, una estigmatización social latente y una problemática adjunta (la planta como recurso limitado y la apropiación en Occidente de una tradición indígena), es un universo gigantesco en el que todos sus escenarios se deben analizar de manera objetiva.

 

Continúa en la parte II 

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Este obra cuyo autor es Ana Santillana está bajo una licencia de Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional de Creative Commons.
Creado a partir de la obra en https://assantillana.wordpress.com.


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